lo decimos con certeza,
éstas no llegan a las mansiones,
pero sí, donde hay pobreza.
Nuestro país tiene un historial sobre estos fenómenos de la Madre Naturaleza que se remontan hasta la misma época de la Colonia, cuando la esposa del Adelantado don Pedro de Alvarado, doña Beatriz de la Cueva "La Sin Ventura", sufrió los embates de un deslave en la Antigua Guatemala y murió a raíz de ese suceso: su casa fue arrastrada por una fuerte correntada que bajó del volcán de Agua. Y ese suceso marca el inicio del periodismo en estas tierras americanas, pues alguien escribió acerca de lo acontecido y fue publicado posteriormente.
La historia también nos recuerda de los terremotos de 1917 y 1976, que causaron grandes destrozos materiales, así como muerte de miles de compatriotas.
Vivimos en una zona de riego total. Todo el territorio es una constante amenaza, debido a su geografía variada, con grandes cerros y montañas, riachuelos y ríos que durante el verano permanente callados y sin agua, pero que en los pocos meses de invierno, traen destrucción, dolor y muerte.
Nos recordamos del huracàn Micht en 1999; del huracàn Stan en 2005, ambos con grades inundaciones, deslaves, destrucción y muerte.
Y cuando los volcanes despiertan también nos dejan su legado de muerte y destrucción, como sucedió hace un par de años con la erupción del volcán Pacaya, en Escuintla.
Por ello afirmamos que todo el territorio guatemalteco es una zona de riesgo. Siempre las autoridades inician las temporadas de invierno, con prevenciones ligeras, moderadas, hasta llegar a las alertas anaranjadas y rojas, que es cuando nuestro país, está siendo azotado por la Madre Naturaleza, prácticamente sin misericordia. Y pasarán a saber cuántos inviernos, para que las autoridades de verdad sean preventivas en sus acciones.
Y estas acciones y fenómenos naturales, traen consecuencias en el sistema vial nacioanl. Pero ello ya es otro tema.