Año y medio ha transcurrido desde la toma de posesión del presidente Morales, el no corrupto ni ladrón, y en nuestro país no se ha visto ningún cambio real ni palpable. Desde el inicio de su mandato el señor presidente se ha concretado a presentar sus discursos con mucha abundancia de fábulas y sus respectivas moralejas, al estilo de cuando hacía la de comediante, por cierto, comediante mediocre, según lo manifestó otro comediante, el mejicano Adal Ramones, cuando estuvo en Guatemala.
En los últimos meses, sus presentaciones públicas han generado mucha polémica, no por los planteamientos serios por la situación crítica que vive Guatemala, sino porque éstas son más hepáticas que maduras. Todo lo ha valido un rechazo de prácticamente toda la población.
Quienes votaron por él, ahora se sienten defraudados.
A todos los males que aquejan al país, hay que agregarle que al señor presidente le pusieron encima otra carga. Y quienes se encargaron de hacerlo fueron su hijo y su hermano. Ambos están ventilados respectivos juicios en los tribunales de justicia.
Mientras tanto, el resto de población sigue con toda clase de carencia, limitaciones y ausencia de oportunidades para superarse.
Falta año y medio de seguir soportando esta situación, porque no se vislumbra ninguna solución a corto, mediano o largo plazo.
Y lo que más aterra, es que ya está relativamente cerca la nueva campaña proselistista, con las mismas caras, aunque con diferente color de partido.
¿Hasta cuándo Catilina, hasta cuándo?